Doctor, no tomé mis píldoras ayer. Pero tranquilo, no recaí en crisis. Me metí a la cama y apagué la luz, acurrucándome junto a la sombra que estaba acostada a mi lado. Le juro, señor doctor, que había alguien ahí, más que ser una sombra, se sentía cálida y había dos corazones latiendo en la habitación. Señor doctor, ¿cree que él haya regresado? ¿o ya estoy volviéndome loca?

El Diario de una Loca, Una Escritora Amateur (via una-escritora-amateur)